YO YA NO SÉ QUÉ PIENSA ANTONIO - PRIMERA PARTE
CAGAR EN CHINA
Vayan unas palabras antes de entrar en materia. Venía avisado. Yuki me dijo antes de venir: Intenta no usar los baños públicos y lleva siempre papel de guerra por si acaso.
¿Acaso otras palabras pueden provocar más inquietud?
Resulta que aquí en muchos sitios pasa como en Taiwan: las tuberías son una porquería y no se tragan papel con caca. Vamos, que hay que tirarlo a un cesto habilitado para tal efecto. En el momento de escribir estas lineas el autor aun no ha pasado por este trance y desea que se mantenga dicho status quo.
Hasta ahora, la experiencia exoneradora ha transcurrido por cauces adecuados y normales, aunque he notado cierta lentitud en los retretes, cierta falta de potencia en la expulsión de agua y una necesidad de liberación del líquido elemento de un factor de 3 a uno con respecto a lo normal en España. Vamos, que si no tiras de la cadena 3 veces no se traga la mierda el maldito agujero. El agua, incluyendo las duchas que he tenido ocasion de experimentar, sale mas floja que la salud de Pablo.
Cojo mi avioncito en Barajas y me tengo que tragar un transfer en París de 4 horas. Pasan lentamente, descansadas, relajadas… Por fin embarcamos y nos vamos pa China. El avión, claro está, va lleno de chinos. Se me sienta al lado una vieja china que me dice que es de Madrid. ¡Que cosas! Al otro lado se sienta un ruso que a los 30 segundos del despegue se vomita encima. Muy alegre! Luego la china intercambia su sitio con una petarda venezolana que, incluso habiendo visto mi pasaporte, cada vez que me habla lo hace en un cutre inglés de tono imperativo. Muy antipática. Cuando comenta que la mierda de comida es “delicious” decido imitar el estado de sueño durante el resto del viaje, que dicho sea de paso, es un soberano coñazo. Las pelis ya las había visto casi todas por lo que ahí no tenía asidero. Una cosa curiosa, en el mapa ese en el que se ve el recorrido, veo que Taiwan está justo encima de “mer des phillipines”. ¡Gracioso el idioma frances!
En fin, aterrizamos en Shanghai sin contratiempos. Cuanta gente, mi madre. Terminal enorme, multitud, inmigración, maletas… Tardo como 40 minutos en salir de allí. Me espera a la salida la futura señora de Rozas. Conduce ella hasta su pueblo, Huzhou, que son más de 3 horas de viaje. Y aquí llega el primer culture shock: el tráfico. Que no me vengan con Grecia, Italia o Valdemoro. Esto, amigos míos, es el infierno. La gente hace lo que le sale de los cojones. Bicis por autovías que, si quieren, de pronto giran y se ponen en dirección contraria, motos de mierda, la gente cruza por cualquier sitio, de noche y sin luces ni semáforos sin avisar ni nada. Cambios de sentido por que sí, giros prohibidos, adelantos vertiginosos por el arcén, giros a la izquierda cuando me sale de los cojones, gente a pie en las autopistas. ¡¡¡Quién da más!!! Pues mi señora: hostia que nos metemos con el coche de delante en un brusco frenazo. Apenas unos arañazos en el coche enemigo y el nuestro a salvo (un peazo Audi A4 con no sé cuantas cosas electronicas). Paramos en medio de la autopista a discutir con el hombre del coche herido. Resulta ser un buen tipo que propone dos opciones: o me sobornas o llamo a la pasma y al seguro, y nos tiramos aquí 4 horas. 20 euros soluciona el asunto. Así es China. Pagamos no sé cuantos peajes (irrisorios, eso sí, aunque paradójico, ya que todo es del pueblo y por tanto debería ser gratis. Además, las carreteras eran una puta mierda). Un rato después estamos a punto de atropellar a un perro enorme que andaba circulando por una autovía. Pobre animal, no le quedaba mucho de vida, me parece a mí. Tras las 3 horas de rigor llegamos a casa de su madre, una mujer, que pa que negarlo, tiene 49 y está bien conservada. La casa esta bastante de puta madre, no lo que te imaginas sobre casas de China. Es un hermoso duplex arriba del todo de un edificio de viviendas vulgaris. Eso sí, el barrio es la monda. En los jardines la gente tiene atadas a los arbustos unas hermosas gallinas, y ponen huevos ahí mismo, delante de todos, las muy sinvergüenzas. La gente discute hasta altas horas sentados en la calle. Ese tipo de vida. La madre me ha preparado de cena unas cosas típicas de la ciudad, las empanadillas esas chinas, pero con un giro local: en sopa y con no sé qué. Tras esto, al sobre, que llevo ya 24 horas de viaje continuado y mi envoltorio de carbono exige, ya, recuperación y renove.
Al dia siguiente nos vamos a dar una vuelta Huzhou, la ciudad. Es un poco feota, al estilo de lo que se ve en pelis chinas sobre ciudades sin mucho interés. Cerca hay un lago enorme; pensé que era el mar, ya que no se veía la otra orilla. Pero no, solo es un charco grande. A mí todo me recuerda a Full Metal Jacket, pero claro está, esto no es Vietnam.
El centro de la city esta en reconstruccion, mogollón de obras, bastante gente y un calor de guibols, mas de 26 grados por que sí. En la ciudad, bastante pequeña para los standards chinos (lo mismo solo 4 millones de personas o yo que sé), no hay gran cosa por ver, excepto unos grandes almacenes, con las mismas cosas que en España (incluyendo discos de Julio Iglesias, faltaría más) y Andy Lau está por todas partes. La mona estaría feliz, opino. Es curioso, que para ser país comunista y todo esto, aquí lo que manda es el comercio y el dinero: todo lleno de tiendas, gente de compras por todos lados. En el supermercado hay no sé cuantos mil dependientes. No sé yo.
El cielo es todo el rato medio gris, medio amarillo, medio nublado. No sé si por mierda o clima o yo que sé que polleces, pero el caso es que según Yuki no sulen tener cielos azules. Y tienen bastante lluvia.
Nos vamos a comer a un sitio de fast food china. Un cazo enorme de sopa de tallarines con carne a mi estilo, arroz con no sé qué, empanadillas chinas de carne y cosas, una sopa ardiendo y un vaso de Fanta de naranja: 1,5 euros. Váyanse a la mierda, que precios.
Me he comprado por aquí unos DVD: Exiled edicion china (creo que es la peor edición disponible), una de Andy Lau ultimísima y de muy buena pinta y sin subtitulos, y como no podia faltar, la edicion china de “Cuando ruge la marabunta” con regalo de calendario en chino. Por supuesto los precios son como de 5 euros, 6, etc, y legales. No como los que he visto por aquí, que en la caja pone “The painted veil” y cuando miras bien te das cuenta que es “The Aviator” pero que le han cambiado la portada. Lo mismo con otra: portada de “El Perfume” y resulta que era “Dancer in the Dark”, de Lars.
Sin nada más que destacar de esta anodina ciudad, a dormir y al dia siguiente llega el momento:
EL MATRIMONIO CIVIL
Nos vamos en coche hasta Hangzhou, una ciudad bastante moderna donde ya el mito se viene abajo.
El comunismo chino es una mentira. En vez de comunismo cambiémosle las letras y llamémosle consumismo. Esto parece Japón. Hangzhou es la ciudad mas rica de China, y se pueden ver cochazos y tiendas de Ferrari y cosas así por todas las esquinas. Tiendas de Benetton, Prada, Gucci, etc, etc. Hay gente pobre tirada por la calle también, como en cualquier ciudad mundial, pero muy muy pocos. Grandes almacenes por todas partes, cines… Que quede claro entonces: viva la propiedad privada, gastarse los cuartos, el derroche de dinero. Hay oficinas bancarias cada dos por tres, cajeros 24 horas… Y he decir que hay mucha mucha niña mona. Tambien he de decir que suelen estar muy flacas. Ahí sí se nota el comunismo. Será que no hay comida.
Además hacen trampas: por ejemplo, un caso conocido. En los trenes no hay clases, faltaría más. Ni primera, ni preferente ni nada. Pero sí que los asientos son más caros según si son duros, o van acolchados, o son cama etc etc. Es decir, una vez más, los ricos pagan más y se quedan lo mejor, llegando a la misma situación que en todas partes. Hay barrios residenciales para ricos, casas bastante mejores que las cutreces medio derruidas que se ven en las zonas más rurales. En fin, que no cuela. La misma mierda con distinto olor. Así que todos aquellos que quieran venir por aquí buscando el paraíso del proletariado y un lugar en el que la igualdad dentro del pueblo sea la norma y el reparto de riqueza es igualitario, se va a llevar un chasco. Y más de un sueño se verá derruido al chocar con esa potente excavadora llamada “realidad”.
A lo que íbamos. Llegamos al registro de matrimonio de extranjeros. No hay nadie excepto una señora mal encarada y de voz de pito. Nos hace pasar a una habitacioncilla cutre y comienza a examinar los documentos. Pasaporte, traducciones… Se queda sospechosamente mirando una hoja y pregunta algo en chino. Falta un sello de la embajada china en Madrid. Un momento, allí me devolvieron ese papel como si no hiciera falta. Se lo digo. A Yuki le ocurre lo mismo con sus traducciones. La señora discute y discute. A mí me empieza a tocar la genitalia. Yuki dice que no pasa nada y que la va a convencer. La tía dice que hay que esperar que venga el jefe, que está en una reunion. El tiempo pasa y el menda no viene. Algo le dice Yuki, se rien. Yo ya he perdido el hilo hace rato y me dedico a pensar cuanto me costaría volver a España, pedir el sellito de los cojoncillos y regresar a Shanghai. La señora petarda nos lleva a otra habitación para ir agilizando los trámites mientras tanto. Nos sentamos en unas cutre sillas con un fondo rojo y nos hace una foto para el certificado chino de matrimonio, endecir, el libro de familia. Todo parece ir bien, creo yo. Volvemos al otro cuarto. Saca los libros y empieza a imprimirlos. Todo va lento. Rápido por favor, que seguro que si viene el supervisor nos dice que ni hablar. Yuki coincide en mi valoración y desea finalizar con prontitud. Me dan un papel para firmar: es una declaración de que hemos hecho el papeleo sin un sello y que en caso de causa legal la responsabilidad es mía. China me tiene por los huevos. Rellenamos un formulario que hay que firmar y leer delante de la funcionaria. ¿Ein? ¿LEER? Está en puto chino, señora. Da igual, no hay escapatoria. Yuki lo pronuncia y yo la imito con mi mejor acento del sur de China. Nos reímos todos un rato, para que lo vamos a negar. Cuando la tía esta va a imprimir los libros y decirnos adios, aparece un señor. Me cagontó. ¿El supervisor? Afortunadamente no, es solo un tipo que ha perdido todas sus llaves y quiere copias. La tía se va por un rato y a mí ya me da igual todo. Vuelve la mujer nos pone unos sellos y nos da un registro para firmar. Miramos un poco a ver quién había por ahí y curiosamente encontramos un vasco, de la callle Ávila numero 11 de Bilbao nada menos, que se había casado unos días antes. Firmamos y según el gobierno chino ya estoy casado con una de sus ciudadanas. Nos vamos a comer y me zampo una especie de sopa de rana con mariscos. Pero peazo rana tenía que ser, por que los huesos eran enormes. Tras esto, nos vamos a la notaría oficial publica a pedir un certificado y unas traducciones al español de los documentos que nos han dado hoy. Tardan 5 días así que de momento el proceso matrimonial se queda en punto muerto hasta el martes. Por lo tanto, que cenar serpiente para celebrarlo se retrasa unos cuantos días. !Carajo!
Ahí termina mi primer encontronazo con la burocracia china. Resultó ser idéntico a mis experiencias en España. Nada que denote una brutal maquinaria burócrata y represora. La gente se ríe y eso. Y por alguna razón les hace hacia cuando se enteran que es papeleo para España.
Y aprendí que en China “no” en realidad siginifica “quizás”, como claramente me explicó mi señora. Se me ocurren un par de usos de esa filosofía. Luego me enteré también qué cojones le dijo Yuki a la furcia funcionaria para que pasara por el aro. Pues ni más ni menos que lindezas como “Please, you are the best. You are my superstar, so pretty” No es coña marinera. Parece ser que son las cosas que hay que decir por aquí para que todo funcione. Yuki además presume de ser buena en ese tipo de situaciones. Por ahora me lo creo. Nos vendrá bien esa habilidad en la entrevista en la embajada española.
Pues nada, tras terminar el papeleo nos cogemos el coche y nos vamos a ver al padre de Yuki, el señor Jimmy Wang. Llegamos a su casa y nos toca esperar viendo la tele. Muy porquería la tele china, como en todas partes, vaya. Llega el padre. Un tipo típico chino flaco y fibroso, bastante moreno, ya que tiene una granja y se pasa el día currando al aire libre. Es un tipo bastante divertido pero timidillo. Nos vamos a cenar a un gigantesco parque que forma parte de la ciudad. La ciudad tiene un lago enorme en su puto centro, que la ha hecho merecedora de la clasificación de la mejor ciudad de China para vivir. Eso, y la pasta que tienen. Además no hay delincuencia. La cena esta bastante de puta madre, en un sitio donde se cultiva un te que vale 700 euros el kilo. Nos ofrecen leer la mano varias veces, música en directo otras etc etc. La cerveza, punto importante. De momento, todas las que he probado, no tienen mal sabor pero escasean en eso mismo. Vamos, un poco insipidas. Mal, señores, mal. Paga todo el suegro, pero no me siento culpable ya que no llegamos ni a los 15 míseros euros. En fin, nos escapamos de allí y dejamos al padre en casita. Volvemos por donde hemos venido, luchando con un infernal tráfico nocturno que haría llorar hasta a Clint Eastwood, y llegamos al hogar. Paso mi noche de bodas dibujando en mi cuartito y oyendo musiquillas en mi iPod hasta que me quedo frito.
Al día siguiente esperamos en casa a que la madre salga del curro. Cogemos el coche y nos vamos a una montaña cercana (unas dos horas). Tienen una presa enorme y un depósito de agua arriba del todo de la montaña que es como muy moderno. El paisaje es bastante espectacular y hay cerca un enorme bosque de bambú, el mayor del mundo. Desde que llegué veo por pimera vez un gato, allá a lo lejos. Eso sí, hay mogollón de gallinas y, de hecho, nos toca frenar bruscamente en un momento para evitar atropellar a una. Al volver cenamos en un cutre bar de carretera, pero estaba todo muy bueno. El sitio era cutre y sucio, como dios manda, en un lugar que no era ni un pueblo, solo unas casillas diseminadas en medio ningún sitio. China rural a saco, en la que de pronto no hay nada y de pronto te encuentras de frente con una gigantesca fabrica, y justo despues, de nuevo, nada de nada. En el restaurante, otra vez, todo tirado de precio. No tiene ya ni gracia lo tirado que está comer. Menos mal, por que con 1.500 millones de personas más vale que alimentarlos a todos salga barato. Devorados por el palizón en coche nos vamos a dormir en menos que canta un gallo, de esos que hay por estos jardines.
Ahí va una foto de mi señora.

